Ansar Allah: La cara de la resistencia yemení. Antiimperialismo crudo.
Francisco Martínez
4 de noviembre del 2026
¿Qué está sucediendo en Yemen?
El mundo avista como hombres en chancletas (como los que se muestran en la Imagen 1 y la Imagen 2) que celebran sobre aviones de guerra derribados. Con ropas comunes, banderas de Yemen e inscripciones en árabe. Sin ninguna aparente herramienta tecnológica extravagante, con un fusil en mano, celebrando entre risas sobre escombros metálicos con banderas de Marruecos y Arabia Saudita. Han tomado el Este de Yemen y junto a él se han apropiado del Estrecho Bab Al-Mandab, lo que ha encendido las alarmas para Arabia Saudita, que ha pedido una ayuda rechazada a Turquía, Pakistán y los Estados Unidos para bombardear a estas personas en chancletas. Algunos medios de comunicación les dicen “hutíes”, pero ¿quiénes son?
Imagen 1: Milicia popular de Yemen, partícipes del movimiento hutí.

Imagen 2: Miembros de los comités populares y el ejército hutí sobre los escombros de aviones marroquíes y saudíes.

Contexto internacional del conflicto en Yemen
El mundo atraviesa una crisis, una crisis capitalista, la crisis por la hegemonía económico-política del capitalismo: qué potencia o potencias tomarán el mando del mundo. Lo anterior, se expresa en crudo en la guerra entre Irán y Estados Unidos, que en una escala más amplia y precisa es la guerra entre el Eje de Abraham y el Eje de la Resistencia. Esta guerra no es más que una disputa por la hegemonía sobre “Medio Oriente” y por recursos estratégicos de alto interés económico: el Estrecho de Ormuz y el petróleo, en medio de una crisis del petrodólar.
El Eje de Abraham, dirigido por Estados Unidos e “Israel”, está conformado formalmente por los países que han firmado los Acuerdos de Abraham: Marruecos, Sudán, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Kazajistán. Estos acuerdos son un plan económico y político sobre la región de “Medio Oriente”: el norte de África, Asia Occidental y sectores de Asia Central; traen políticas de sumisión a los intereses del sionismo y el decadente imperialismo estadounidense, representan un intento de Estados Unidos e “Israel” por afianzar su poder sobre la región. Hay más países, como Egipto y Etiopía, que están política e históricamente alineados con el Eje de Abraham, sin ser parte formal de los acuerdos.
El Eje de la Resistencia, por el contrario, no es una alianza formal, basada en acuerdos políticos firmados por países. Los únicos dos países que forman parte de este segundo eje son Irán e Irak. Diversas agrupaciones revolucionarios y rebeldes que son apoyadas por estos dos países son los que terminan de conformar el eje, generalmente grupos que tienen rasgos islámicos, chiitas, socialistas y/o nacionalistas, pero que se edifican por igual sobre principios antiimperialistas. Países como China, Rusia y Corea del Norte han mostrado su apoyo al eje, de manera más que todo política y económica, sin embargo poco se han adentrado militarmente.
En medio de este conflicto, hay países que buscan no alinearse con ninguno de estos dos ejes, en ese contexto aparecen los Acuerdos de la Meca que reúnen a Turquía, Arabia Saudita y Pakistán. Estos son acuerdos de defensa militar, que establecen que si cualquiera de los tres países se ve atacado, los otros dos saldrán en su inmediata defensa militar. Esta iniciativa nace debido a las diferencias (selectivas) entre los firmantes del acuerdo y el Eje de Abraham (estos países muchas veces se alinean con Estados Unidos e “Israel”, sin embargo en la misma medida se han visto contrapuestos dependiendo del conflicto), aparece como medida de defensa ante una creciente tensión en la región debido a la guerra, así como una oportunidad estratégica de soberanía que se abre debido a la decadencia del imperialismo estadounidense, más que demostrado en el actual conflicto.
Yemen es un país de Asia Occidental, se encuentra al sur de Arabia Saudita, entre Omán -que lo separa del Golfo Pérsico- y el estrecho Bab Al-Mandab, en el Golfo de Adén -que lo separa del continente africano-. Al otro lado del estrecho se encuentran Sudán, Eritrea y Etiopía, países que actualmente se encuentran sumergidos en conflictos. Su ubicación lo hace un punto estratégico sumamente importante, sobre todo ahora que el Estrecho de Ormuz ha sido completamente controlado por Irán, y para Arabia Saudita es un punto de alto interés político: mantiene una separación entre el país y los conflictos, además de que le sirve como carne de cañón, pues tienen al país políticamente sometido. Todo esto puede visualizarse en la Imagen 3.
Imagen 3. Mapa de la región circundante a Yemen.

Antecedentes al conflicto
La reunificación de Yemen:
Antes de 1990, en plena Guerra Fría, Yemen se dividía en dos: la República Árabe del Yemen (Yemen del Norte) y la República Democrática Popular del Yemen (Yemen del Sur).
Yemen del Norte era originalmente una monarquía que se vio envuelta en una revolución republicana nasserista (nacionalismo árabe, panarabista). La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y Egipto apoyaron entonces al bando republicano, mientras que Arabia Saudita y Estados Unidos estuvieron del lado de la reacción monárquica. Durante la guerra civil, los republicanos tomaron el control de la amplia mayoría de Yemen y lograron su reconocimiento bajo la promesa de no expandir este proceso al resto de la región: respetar el protectorado británico del Adén (futura Yemen del Sur) y no invadir Arabia Saudita. La victoria nasserista fue inevitable, estableciendo así la República Árabe del Yemen. Esta se posicionó como parte del bloque estadounidense en la Guerra Fría, con fuertes relaciones con Arabia Saudita y Egipto, aunque aún mantenía alguna relación con la Unión Soviética, vestigio de su apoyo en la guerra civil.
Yemen del Sur era originalmente una colonia británica en “Medio Oriente”, hasta que el Frente de Liberación Nacional (FLN) libró una revolución para independizar la región, esto llevó a que un ala marxista-leninista del FLN tomara el poder y reorganizara el país en la República Democrática Popular del Yemen. Esta era una república socialista que formaba parte del bloque soviético, la primera y única nación de la región árabe en establecerse comunista.
Las relaciones entre Yemen del Sur y del Norte estaban normalizadas, aunque constantemente envueltas tensiones debido al contexto internacional de Guerra Fría. Después de un primer y corto conflicto armado en 1972, se establecieron los Acuerdos del Cairo, como un plan para unificar Yemen. Este se vería entorpecido por un segundo conflicto en 1979, por la presencia de grupos rebeldes en la República Árabe, que acusaría a la República Democrática Popular de financiarlos.
En el contexto de la perestroika y la caída del bloque comunista en la Guerra Fría, las tensiones entre ambas naciones del Yemen se encontraron ampliamente reducidas, dando un verdadero inicio a los acuerdos para su unificación. Así resultó la República de Yemen, con Ali Abdullah Saleh (presidente de Yemen del Norte) como su nuevo jefe de Estado y estableciendo la nueva capital en Saná.
La Primavera Árabe:
La Primavera Árabe fue un evento de desestabilización en la región de “Medio Oriente”, que fue terriblemente reivindicado por muchísimos grupos de izquierda, quienes aplaudieron las “movilizaciones populares” contra el “autoritarismo”. Sin embargo, las revueltas “populares” de la región fueron financiadas por Estados Unidos, con el objetivo de desgastar la soberanía de los países envueltos en esta “primavera”, que no trajo más que títeres en favor del imperialismo estadounidense y el sionismo al poder. Este evento elevó las contradicciones en las distintas naciones árabes y las ha mantenido sumergidas ya sea en sumisión hacia otras naciones con mayor poder o un estado de guerra civil crónica: la “primavera” no fue más que un momento previo a un terrible invierno.
Ali Abdullah Saleh fue parte de los jefes de Estado que fueron removidos de su cargo a través de un golpe de Estado fruto de las movilizaciones. Sin embargo, Saleh ya era un actor en favor del imperialismo gringo, cabe preguntarse ¿por qué entonces un evento financiado por el imperialismo y el sionismo acabaría con aliado? La respuesta la encontramos en Arabia Saudita. Una cuota de poder geopolítico que el Eje de Abraham le debía al régimen saudí para mantener el control sobre la región y la gigante nación árabe como su aliada. Se dispuso entonces un títere no solo estadounidense y sionista, sino además saudí, con un relato democrático detrás, que solo terminaba de vender la soberanía de Yemen a intereses ajenos.
¿Quiénes son los Hutíes?
En la Gobernación de Sa’dah, una región fronteriza con Arabia Saudita al norte de Yemen, con Ali Abdullah Saleh a la cabeza del Estado yemení, comenzaron a formarse grupos rebeldes contra la entrada del wahabismo (corriente islámica sunní que pretende imponer una visión tradicionalista rígida del Islam y concentrar el poder político en Arabia Saudí, que es donde se concentran sus líderes) y las políticas de deterioro de la soberanía. A la vanguardia de estos se posicionaron los chiitas zaidíes (que son la mitad de los musulmanes de Yemen), dirigidos por Hussein Badr Eddin al-Houthi, clérigo zaidí de la zona. Así, inspirados en la previa Revolución Islámica en Irán, este grupo chiita desarrolló una organización no solo anti-wahabismo, sino también antiimperialista y nacionalista, en busca de la unión árabe en la región, contra el sionismo y por la soberanía de la nación Yemení: Ansar Allah. Así, podemos ver estos principios reflejados en su lema (Imagen 4).
Imagen 4. Lema de Ansar Allah.

“Dios es grande
Muerte a América
Muerte a Israel
Una maldición sobre los judíos
Victoria para el Islam”
Debido al origen del fundador de Ansar Allah, que es de la tribu al-Houthi, es que se han ganado el apodo de hutíes. Con apoyo iraní comenzaron entonces las revueltas en Sa’dah, que fueron brutalmente reprimidas por Saleh, culminando con la muerte del líder hutí Hussein. Lejos de haber sido una derrota, la martirización de su líder avivó la llama de la revolución en los hutíes para no apagarse.
A la llegada de la Primavera Árabe, los hutíes se dedicaron a organizar las masas en revueltas contra el gobierno y fueron parte del orquestado golpe de Estado que representó la “revolución yemení”. Terminado el teatro de revolución, se vieron opacados por los grupos financiados por el imperialismo. Así, tras la caída de Saleh, se levantó un gobierno con un ferviente wahabismo y completamente postrado ante los intereses extranjeros, encaminado a una “transición democrática” que dejó atrás los intereses del pueblo y que excluía a Ansar Allah de la política del país. Esto provocó que los hutíes se aliaran ahora con Saleh, hasta su muerte en 2017, ya que sus intereses van más allá del títere que esté en el mando y estalló la nueva guerra civil yemení, que es una verdadera revolución llevada a cabo por los hutíes con la toma de Saná, la capital de Yemen, declarándose el gobierno legítimo de Yemen. Esto último obligó al nuevo presidente de Yemen, Abd Rabbuh Mansur al-Hadi, a refugiarse en Arabia Saudita y eventualmente volver a Yemen con una nueva sede capital en Adén.
La Guerra Civil Yemení: ¿Qué representa el avance de Ansar Allah en la región?
Los hutíes han retomado la ofensiva y se extienden más allá de la toma de la Saná, ahora controlando el Oeste completo de Yemen. Esto obligó al presidente a claudicar y al ilegítimo gobierno yemení a crear el Consejo de Liderazgo Presidencial que se opone al Consejo Político Superior, el órgano institucional que desarrolló Ansar Allah para gobernar la región. A diferencia del primero, la forma de política hutí tiene una política, que además de antiimperialista, parte de la base, con una profunda conexión y organización de los Comités Populares. Estos comités son formas militarizadas del poder popular, milicias populares organizadas a través de asambleas en las distintas tribus y comunidades del Yemen.
El actual avance de los hutíes los han llevado a tomar el control del Estrecho Bab Al-Mandab, lo que les da un poder en la escena geopolítica enorme, debido a que el Estrecho Ormuz está en completo poder de Irán y esto coloca al Eje de la Resistencia en la posesión de ambos estrechos: haciendo temblar al imperialismo, el sionismo y a Arabia Saudita. Este último ante la situación corrió a pedir ayuda militar contra los hutíes, que fue respondida con una negativa de parte del Eje de Abraham precisamente por el Estrecho Bab Al-Mandab y de parte de los Acuerdos de la Meca debido a que no hay una intervención en suelo saudí, aunque así considere Arabia a Yemen.
¿Cuál es nuestra posición?
Con Ansar Allah, hasta su inevitable victoria. Nuestra organización es socialista y marxista, nuestro proyecto no es el mismo que el de los hutíes. En ese sentido, estamos por el desarrollo de una corriente marxista en Yemen y dentro del propio movimiento hutí, que apunte a elevar a la clase obrera como el sujeto revolucionario inequívoco. Sin embargo, no hay que perder de vista que también somos profundamente antiimperialistas, lo que hace inevitable nuestro expreso y completo apoyo a la causa hutí. Sería inocente y producto de una pobre caracterización negar o ignorar el carácter progresivo de las políticas de Ansar Allah y su manejo político que nace desde las bases y no de una verticalidad autoritaria. El TPS se solidariza y expresa su completo apoyo a la nueva revolución yemení y a los hutíes.
No debe dejarse de lado que este conflicto se eleva a una escala internacional, que es el Eje de la Resistencia contra el Eje de Abraham. Nuestra posición es clara e inequívoca: con el Eje de la Resistencia, contra el imperialismo decadente y el sionismo decante, ¡hasta la victoria!
¡Muerte a América!
¡Muerte a Israel!
¡Victoria para Ansar Allah!
¡Victoria para el Consejo Político Supremo y los Comités Populares!




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