A 100 días del mandato de Laura Fernández: Una reflexión socialista sobre la última encuesta de opinión pública del CIEP

Handel Medrano Arguedas
23 de octubre del 2026
Introducción:
Recientemente el Centro de Investigaciones y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR) lanzó su periódico análisis de opinión pública, esta vez sobre la valoración de la ciudadanía costarricense sobre los 100 primeros días de la administración de Laura Fernández Delgado. Nuestro propósito con este artículo es, a la luz de los datos que ofreció el CIEP el 09 de septiembre de 2026 , plasmar nuestra valoración sobre los cien primeros días de la mandataria. Consideramos que el informe presentado por la UCR es una buena oportunidad para este objetivo.
Antes de comenzar con la caracterización, debemos aclarar al lector no costarricense que hoy nuestro país experimenta la existencia de un Maximato “a la tica”. Este término designa a un período de la historia política de México; en este el entonces expresidente Plutarco Elías Calles (1924-1928) ejerció una influencia sobre sus sucesores de 1928 a 1934, colocándose con el Jefe Máximo de la Revolución Mexicana. En la actualidad, el expresidente Rodrigo Chaves, a pesar haber concluido su mandato constitucional, todavía ejerce una clara influencia sobre la mandataria Laura Fernández, la cual de vez en cuando lo llama “presidente”. Por este motivo, aunque en el artículo hablaremos de los 100 días de Laura Fernández, en realidad estaremos hablando del verdadero mandatario del gobierno en ejercicio, quien sigue siendo Rodrigo Chaves. Aunque cabe aclarar que este sólo representa los intereses de la burguesía, cómo lo veremos más adelante.
Continuando con el artículo, este se divide en dos secciones, en las cuales abordaremos las consecuencias de la popularidad del actual gobierno en ejercicio (sección 1) y lo que implica para nosotros los socialistas (sección 2).
Implicaciones políticas del apoyo a la mandataria
Como lo demostró el informe, la valoración del gobierno de la continuidad sigue siendo alta, con un 64% de apoyo. Aunque es un 15% menos que la valoración con la que contó Chaves-Robles en sus primeros cien días, sigue siendo una cifra enorme. De hecho podríamos decir que Fernández hereda el apoyo que tuvo Chaves al final de su mandato. Adicionalmente, si comparamos a Chaves y a Fernández con gobiernos anteriores, su característica distintiva es haber mantenido una estabilidad mayoritaria de la opinión positiva.
A nosotros los socialistas nos resulta sumamente pertinente conocer los estudios de opinión pública, porque nos da cuenta del nivel de conciencia de las masas obreras. Un 64% de la valoración positiva hacia una fuerza política emergente como lo es el Partido del Pueblo Soberano (PPSO), cuyo discurso ha gravitado en torno al desprecio de los partidos burgueses tradicionales (PLN, PUSC y PAC) da cuenta de un entendible descontento de la clase obrera con la clase dominante del país. Este esfuerzo por canalizar la rabia popular no ha sido capitalizado por una opción revolucionaria y proletaria, sino por un bloque burgués mucho más agresivo y amigo del imperialismo yanqui, como lo es la burguesía importadora, representada en Casa Presidencial por Chaves-Robles y luego Fernández-Delgado. Los importadores son enemigos jurados de la producción local, como lo demuestran las políticas comerciales de estos dos gobiernos. La “ruta del arroz” de Chaves, y los Tratados con el Estado genocida de Israel y Transpacífico impulsados por Fernández-Delgado tienen como raíz la burguesía a la que responden: la importadora.
La rabia popular de la clase obrera y campesina costarricense lejos de dar lugar a una crisis de legitimidad del capitalismo, ha provocado la deslegitimación del bloque burgués representado PLN, el PUSC y el PAC, por encima de cualquier otra posibilidad. Lo cual fue inteligentemente utilizado por parte de un sector burgués hasta entonces periférico o marginado del bloque en el poder, el cual ahora administra el Estado costarricense.
Queda preguntarnos si el apoyo a Fernández da cuenta de una confianza al sistema político (es decir, al régimen burgués) o todo lo contrario. Varios académicos expertos en las derechas en América Latina, han identificado una vinculación entre el ascenso de los liderazgos unipersonales con la pérdida de confianza en la racionalidad formal-legal y el Estado de derecho. Es decir, el surgimiento de figuras providenciales y caudillistas está conectado con la baja estima que siente la ciudadanía hacia las reglas impersonales de los Estados de derecho, a los cuales atribuyen el empeoramiento de sus condiciones de vida.
Tenemos evidencia para afirmar que en Costa Rica se está gestando este fenómeno; el de una ciudadanía que está dispuesta a delegar todo el poder a un mandatario. Este gobernante contaría con poderes especiales, los cuales le permitirían suplantar el derecho como núcleo de la regulación social por un régimen personal. En términos menos académicos, y centrándonos en las categorías propias del marxismo, podemos decir que el apoyo a Laura Fernández prepara la posibilidad de un régimen bonapartista. Este término hace alusión especialmente a Luis Bonaparte (futuro Napoleón III), quien ganó popularidad después de la revolución de 1848, ganó las elecciones en Francia bajo el lema “abajo los ricos”. Asimismo, este defendió, demagógicamente el voto universal frente al voto censitario.
Todo esto con el propósito de cooptar el sentimiento general de las masas obreras, llevando a cabo un cambio desde arriba. Posteriormente a esto, promulgó una constitución que le daba una serie de poderes absurdos al Ejecutivo, fortaleciendo su mandato. El gobierno de Fernández todavía no constituye un régimen bonapartista en este sentido, pero prepara el terreno para ello.
Lo anterior debido a que en el país todavía no ha habido una revolución. No existe una crisis económica que afecte a explotados y explotadores. La clase obrera todavía no ha dado indicios de no querer vivir como hasta entonces. Tampoco las burguesías necesitan alterar sus formas de gobernar y enriquecerse para seguir viviendo. Invirtiendo la frase de Lenin en La Bancarrota de la II Internacional, en donde dice que una situación revolucionaria está determinada por una coyuntura en donde «”los de abajo” no quieren y “los de arriba” no pueden», hoy, en Costa Rica, los de abajo todavía quieren y los de arriba todavía pueden.
No obstante, las nuevas formas de gobernabilidad que se están habilitando discursivamente dan cuenta de un posible quiebre de la institucionalidad burguesa convencional. En palabras de Rodrigo Chaves, expresidente y actual ministro de Hacienda y de la Presidencia: «El pueblo de Costa Rica ha recuperado los dos poderes de la República; el Legislativo y el Ejecutivo. Obviamente vamos por el Poder Judicial».
Estas frases son aplaudidas por gran parte de los seguidores de Rodrigo Chaves, quienes a la vez consideran que la influencia del exmandatario todavía es enorme, y no tienen problema con ello. Además, las palabras de Chaves son evidencia de una posible salida a una potencial crisis de régimen en un futuro. En Trabajadores por el Socialismo (TPS) hemos intentado caracterizar al fenómeno de Chaves-Fernández, y nos hemos apoyado en la categoría de posfascismo, propuesta por el historiador italiano Enzo Traverso.
Este término describe a un fenómeno transitorio, en transformación, que todavía no ha cristalizado. Figuras como Marine Le Pen (líder del Frente Nacional en Francia) y Donald Trump entran dentro del posfascismo. Son líderes con rasgos fascistoides innegables, como una clara exhibición del racismo y la xenofobia, entre los cuales sobresalen los elogios a la policía que asesina a la población negra e inmigrante. La fibra chovinista que despiertan en su electorado también son un rasgo particular de la personalidad política de estos personajes. No obstante, Traverso se niega a reducir al fascismo a un líder político. Destaca la ausencia de un movimiento de masas detrás de Donald Trump.
Rodrigo Chaves, líder de un movimiento inexistente que ha sido conocido como “chavismo”, exhibe una virilidad muy vulgar y agresiva. Su intolerancia a cualquier crítica o control político es semejante a la de Donald Trump; ha ironizado cínicamente sobre el genocidio en Gaza. Sin embargo, Chaves no es un fascista, ya que carece de tropas organizadas y un movimiento de masas detrás. Asimismo, aunque pretende acabar con la división de poderes, no lo ha logrado, por lo que todavía forma parte de un fenómeno transicional entre la democracia liberal y una posible puerta al neofascismo.
El principal enemigo ideológico de Chaves no son los inmigrantes latinos, los musulmanes ni los negros, como lo han sido para Trump y Le Pen. El chivo expiatorio de Chaves-Robles es el crimen organizado, debido al claro aumento de la inseguridad en el país y la influencia regional que ha tenido el mandatario salvadoreño Nayib Bukele, quien declaró un estado de excepción para purgar a El Salvador de las pandillas de narcotraficantes.
Alguna vez Angela Davis vino a Costa Rica a decir algo que me resulta sumamente cierto: para saber qué ocurrirá en la política costarricense hay que observar a El Salvador. Entender la confluencia entre países centroamericanos es fundamental para nosotros los revolucionarios. Alguna vez Nahuel Moreno lúcidamente afirmó que:
[...] el conjunto de las naciones centroamericanas son parte de la vorágine revolucionaria. [...] Todo análisis que tome como punto de partida la caracterización de uno u otro país es, por eso mismo, equivocado y es caer en la trampa tendida por el imperialismo y por la política contra-revolucionaria del stalinismo y el castrismo. (Nahuel Moreno, Centroamérica: Seis países, una nacionalidad, una revolución)
Es por este motivo que no es posible hacer un análisis del gobierno costarricense prescindiendo del rol que juega la región centroamericana. La lucha de clases es un fenómeno que no conoce de fronteras nacionales, menos en una región como la nuestra. Por lo que utilizaremos a El Salvador como guía para entender a Costa Rica. El lector contemporáneo probablemente esté enterado de cómo el gobierno salvadoreño ha neutralizado a las pandillas que llevaban asediando al país centroamericano durante décadas, con colonias gobernadas por organizaciones criminales llamadas “maras”. La política de vigilancia, ha capturado y encarcelado a estos grupos criminales, de la mano con el estado de excepción, lo cual tuvo resultados positivos en materia de seguridad. Hoy Nayib Bukele cuenta con un apoyo significativo de parte de la población salvadoreña, lo cual reforzó su mandato y ha conseguido afianzar un culto a su figura, convirtiéndose prácticamente en un dictador. Gobierna desde el 2019 y sigue en el poder hasta el momento en que se publica este artículo, 2026.
No obstante, a medida que la población salvadoreña ha naturalizado la seguridad de su país, otra vez empieza a visualizar problemas adicionales a los planteados por el presidente Bukele. El salario del obrero salvadoreño es extremadamente bajo con respecto al costo de vida, la pobreza es alta y sigue sin reducirse. Adicionalmente, la clase media salvadoreña no percibe ningún tipo de ascenso social. Estos no son los únicos problemas de El Salvador, el gobierno de Bukele ha conseguido centralizar el capital en el Estado, erigiendo a una nueva oligarquía, elevando el patrimonio de su círculo familiar.
Rodrigo Chaves y Laura Fernández, en su intento de replicar a Bukele, han centrado su discurso en la neutralización del crimen organizado, cuestión que han logrado instalar en el sentido común de sus seguidores. Una de las razones de lo anterior es la realidad material, ya que el país viene experimentando una elevada cantidad de homicidios, así como un incremento del crimen organizado. Según la encuesta del CIEP, este es el tema principal que preocupa a los costarricenses, y también es el aspecto central que despierta simpatía entre los seguidores de Rodrigo Chaves y Laura Fernández. La seguridad y la lucha contra el crimen ocupa el 24.3% de las acciones y decisiones del gobierno que agradaron a los costarricenses. Mientras tanto, temáticas urgentes como el desempleo y la legislación laboral sólo ocuparon un 0.4%.
La opinión pública de la ciudadanía, así como las preocupaciones de la clase obrera, están motivadas por los filtros ideológicos del bloque en el poder. El acento en la inseguridad está eclipsando e incluso invisibilizando uno de los principales problemas que afecta al trabajador costarricense. Pero si seguimos el patrón de El Salvador, la popularidad del gobierno de Costa Rica no es infalible, la resolución de los problemas de inseguridad, y el consiguiente populismo punitivo es quizás la base más importante que sostiene la popularidad de este gobierno, junto al ataque sistemático a los partidos burgueses existentes. Si esto llegara a resolverse, es probable que la clase trabajadora costarricense vuelva a recordar las problemáticas que este gobierno no ha resuelto, como el desempleo generalizado en el país. Cuestión que es legítimo poner en duda, debido al presunto vínculo entre este gobierno y el crimen organizado.
El INEC reportó que el desempleo del país es del 7,1%, pero esto es un dato engañoso. La disminución del desempleo no es atribuible al aumento de la empleabilidad, sino al incremento de personas que decidieron salir del mercado laboral. Las personas fuera de la fuerza laboral aumentaron de número, pasando de 1,64 millones en 2022 a 1,96 millones de personas este año 2026. Ante esto las preguntas que tenemos son: ¿Cuánto desempleo resistirá el populismo punitivo? ¿Cuál debe ser la respuesta de los socialistas ante esto?
Los socialistas frente al apoyo mayoritario a Laura Fernández
Los socialistas no podemos dejarnos llevar por la opinión mayoritaria. Sabemos que las masas obreras inevitablemente están sumergidas en un estado de enajenación. Su conciencia está consciente y voluntariamente depositada en el capital. No son conscientes todavía de la existencia de esas cadenas, ni han alcanzado la solidaridad de clase necesaria para una salida obrera y socialista.
El malestar de la clase obrera todavía está atrapada en las barreras ideológicas delimitadas por la burguesía. La desafección que sienten los obreros costarricenses se proyecta en contra del PLN, el PAC y el PUSC, pero no en tanto partidos burgueses, sino en tanto partidos manchados por una idea abstracta de corrupción. Chaves y Fernández han encauzado efectivamente este malestar, usándolo no contra los privilegios de la vieja burguesía, sino en contra de los derechos sociales conseguidos a partir de la lucha de clases; la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), las universidades públicas y por supuesto, contra el crimen organizado.
A pesar de que algunos perciban estos cambios en la mentalidad del costarricense como un despertar, nosotros sabemos perfectamente que estos sobresaltos siguen atrapados en la enajenación, y también en la alienación. El oportunismo podría argumentar que debemos matricularnos en las críticas hechas desde el “chavismo” para ganar el apoyo mayoritario de las masas a la vieja burguesía en el poder. Nosotros no apostamos por esa vía, creemos que supeditar o sacrificar nuestro programa socialista a un apoyo coyuntural a los dos políticos de moda es una forma de oportunismo. Como diría Mandel:
Como tendencias ideológicas, el oportunismo y el sectarismo tienen sus más profundas raíces teóricas en una definición no dialéctica del sujeto revolucionario. Para los oportunistas, este sujeto revolucionario es el obrero ordinario. Tienden a imitar la actitud de este obrero en todo y se “postran ante su trasero”, como Plejánov lo describió. Si a los obreros les interesan únicamente los problemas de las fábricas, entonces son “sindicalistas puros”. Si los obreros se dejan llevar por una ola de chovinismo patriótico, entonces se convierten en socialpatriotas o socialimperialistas. Si los obreros se someten a la propaganda de la guerra fría, se convierten en guerreros fríos: “las masas nunca se equivocan”. La última y más maligna expresión de tal oportunismo consiste en determinar el programa —aunque sea un programa electoral—, ya no por medio de un análisis científico y objetivo de la sociedad, sino con la ayuda de encuestas de opinión. (Ernest Mandel, La teoría leninista de la organización).
La función que juega conocer la encuesta del CIEP es comprender y analizar el nivel de conciencia de las masas, pero jamás lo utilizaremos como guía para construir nuestro programa político. Nuestro rol como socialistas consiste en decirle la verdad a la clase obrera: es claro que los partidos burgueses tradicionales están agotados, pero la alternativa jamás será el posfascismo o la transición a una sociedad neofascista.
Somos conscientes de que nuestro programa, basado en el socialismo científico, y que aboga por la revolución proletaria, no es aceptado por las grandes mayorías. No obstante, siguiendo la tradición bolchevique-leninista de la que procedemos, creemos que el desenlace que adquiera del “chavismo” habilitará la posibilidad de popularizar nuestro programa. Cuando el PLN deje de ser una fuerza política relevante, los posfascistas ya no tendrán un enemigo a quien atribuirle su inoperancia política. Si el gobierno disminuye la tasa de criminalidad, su populismo punitivo irá en declive, como está ocurriendo en El Salvador. Las condiciones materiales, que son independientes a la acción revolucionaria, se harán cada vez más claras para la clase obrera. El desempleo, la miseria y el encarecimiento de la vida hará que en algún momento los de abajo no quieran, y los de abajo no puedan. Esto con independencia de si lo anterior desemboca en revolución o no.
Nuestra tarea como TPS es seguir siendo una agrupación de propaganda y agitación. Seguiremos poniendo sobre la mesa los problemas de la clase obrera, otorgando como solución nuestro programa político. Vamos a seguir contribuyendo a plantar la chispa de la conciencia de la clase en la clase obrera, la única capaz de liberarse de las cadenas de la enajenación, mediante su propia combatividad y autoorganización, expresada en sindicatos y comités de lucha.
¡Por una alternativa socialista!
¡Por la clase obrera combativa!




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